sábado, 17 de noviembre de 2012

De nuevo

Me entran estas malditas dudas y la necesidad de saber si realmente alguien mataría por mi. Porque de pronto, sin una razón aparente, la sonrisa se ha borrado y la sala quedó salpicada. Quizá de recuerdos, quizá de nada.
 La solución suele ser la que no piensas primero. Te giras y ahogas un grito de dolor, de rabia al ser consciente de cómo todo está hecho añicos, que el "romper" a llorar fue algo más que una mera expresión.
Te reprimes las lágrimas lavándote la cara de esa presión que ensordece todo lo que se mueve dentro.
Consigues levantarte aún observando tu próxima caída, la cual no tarda en llegar, y tropiezas, tropiezas, y caes de nuevo. El hoyo es cada vez más profundo, está en cualquier lado, y al menos traspiés de nuevo te desplomas, llegando a imposible ese resonado levantarse.
Y aunque la paciencia tienda a escasear, siempre quedan esos motivos, los de seguir y avanzar. Quizá levantar el vuelo, y es que como sutil pasajero, no puede permitirse mirar atrás.

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