sábado, 16 de mayo de 2015

Tenga cuidado de no introducir el pie

Escaparate de rostros despeinados.
Vértigo de la quietud.
El frenetismo de una mañana más, acicalada de olores y ojos dormidos; típica postal de un lunes cualquiera, donde escasean las miradas cómplices y las pestañas se tiran de cabeza a un vacío sostenido con una mano, que nos está destruyendo y no soltamos. Tantos matices perdidos, tantas sutilezas extinguidas. La búsqueda del evitar a otros nos descarrila, ¿lo notamos?
Amalgama del solitario que se cree vivo a base de zumbidos. Tenga cuidado de no introducir el pie. Siga.


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