martes, 26 de abril de 2016


A toda velocidad y marcha atrás
la rutina se disfraza de melodía pegadiza

nosotros

silabeando hasta la última coma de su estribillo,
a medio camino entre sentados o a punto de ir.

decidimos subir
que en los barrotes grises
nunca hay bicicletas, pero
siempre hace sol
y qué de brillo

incluso en los días de frío.

porque siempre es demasiado tarde
para llegar pronto
al oleaje sin tempestad,
al ímpetu y la entereza,
a los ojos risueños con los que Marina refleja
que un día más
dejamos de ser islas
para forjar nuestro continente de penínsulas
(peruanas, argentinas o asturianas; qué grandeza)
con números, mitos y moléculas
de ganas de cambiar el mundo
o de abrazar tristezas.



La melancolía ñoña
a ratos observa
que a fin de cuentas
qué poco nos quita el instituto
para lo que nos deja.








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