lunes, 11 de julio de 2016





Dolor, rabia, asco, indignación. Hilando Castile, joven de 32 años, asesinado durante un control de carretera delante de su novia y su hija de cuatro años. ¿Su delito? llevar un faro del coche estropeado, y el color de su piel.
Alton Sterling, de 37 años, pocas horas muere a causa de un tiroteo policial.
Trayvon Martin, Eric Garner, Michael Brown, Ezell Ford, Laquan McDonald, Tamir Rice, Walter Scott, Freddie Gray.

Nombres con un denominador común, nombres de hombres muertos a causa del "uso excesivo de fuerza letal de la policía", pero seamos claros en una rutina en la que el dolor ajeno parece ser algo de lo que nos hemos anestesiado hace mucho tiempo, están matando a personas inocentes por el color de su piel.
En ese pleno siglo XXI del que presumen algunos, en ese del progreso y la igualdad, hay policías que dicen proteger y que asesinan sin pudor a personas por ser negras, que asesinan y salen impunes de ello.
No verlo es no querer mirar, pero el problema estructural de racismo sigue ahí, y estremece.
Estremece pensar en la profunda falta de sensibilidad, de humanidad y de justicia.
Estremece pensar que estas cosas estén ocurriendo en el país que se sitúa a la cabeza de todos los rankings.
Estremece observar como el racismo crece, alimentado por partidos de ultra derecha, de manera generalizada a lo largo y ancho del planeta.
Estremece la frialdad con la que se habla de cifras, con las que se alimenta el pasotismo y la deshumanización y se manipulan los medios de comunicación.
Decía Platón que "la peor forma de injusticia es la justicia simulada".
Gritaban hoy las calles de Londres "No justice, no peace".

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