domingo, 14 de febrero de 2016

Ropa amontonándose en la silla de mi habitación.



Refugio es sabernos franqueables en búsqueda de algo puro a lo que aferrarnos.


Jugar a creernos coherentes y destripar la ventana para guardar la casa, pieza por pieza, sin llegar al tejado.

Y sabernos frágiles, y rascarnos vida.

No me caben, deja de dármelas. Gracias que se me caen.

También se puede presentir después, aunque duela más.

Mi peor pesadilla: ser volumen sin densidad,
como globo vulnerable al mínimo roce,
al previsible pinchazo,
a quedarme sin recoger, tirada, en pedazos.

Atre verse sin mirar.

Maite es vértigo y es caos,
incertidumbre y necesidad
de búsqueda, de extremos.
Sutilezas y contrastes.


A menudo caemos en el error de dar por hecho que el que tenemos al lado entiende de sobra cosas que nosotros sentimos tan claras.

Estoy que me tiras de sueños.

La inocencia del pudor y la transparencia de lo olvidado.

De nuevo el año nuevo se queda viejo.

El no ya lo tengo, pero no sé donde lo he puesto.

La esperanza no está perdida, es que la había dejado tirada por cualquier sitio.

El futuro es ya, dentro de un segundo.

Para naufragar hay que tener barco.


Tenaces, como si nacer fuera algo que puede hacer uno por uno mismo.


Oscuridad cosida a la suela de tus zapatos. Llega la luz, y la llamas sombra.


El problema de usar fin, fondo y sentido como sinónimos.


Tanto tomar decisiones para dejar sin argumentos la falta de valor.

Llegar a lo profundo y romper suelo.


El equilibrio entre la promesa y la falta de garantías.


Insomnio que no muere, pero reparte bienes.


Si vuelvo al resquicio de tus pupilas es para reconocer incertidumbre.


He de admitir que disfrazarse de llamarada te hace vulnerable a golpe de muñeca. Cerilla.

Y contra todo pronóstico, brillando en ráfagas de viento que no callan al puto sol.

No te agrietes
que llega la marea
y o tragas rápido
o desbordas.

Ínfimo e infinito haciéndose cosquillas.

Vértigo da la rutina cuando tiene los días contados y no hay forma de volver sobre tus huellas.

Jodido colmo de la ñoñería, añorar tus putas pupilas.

Si te quiero es porque eres la serenidad del hogar en cualquier parte, desvistes jerseys de tristezas encogidas.

Cimentar raíces rotas antes de irnos por las ramas.

Me cosí las vértebras una a una, pero la intención calculadora las llama nubes disecadas, las mastica y se las traga.


Quién te ha visto y quién te cree.

Al fin y al cabo, la vida se resume en primeros y últimos días. Y que te vaya bien en el camino, que es lo de menos. Y todo.


El vértigo que se quita al desplomarse.

Las grietas de las personas dejan espacio a un cariño que no llega si andamos siempre armados de fortaleza.

Que triste que la fragilidad haga el cariño.

Porque hay que saber a una persona para encontrar sus grietas.
Es un honor conocerte, quererte y saberte.
Y qué privilegio.

Y a zancadas o a sorbitos, buscamos seguir a flote o no dejar de nadar.

Perder causas ya una vez encontradas.

Pero la intención se anda con calculadora, y ya ni cuenta.

Demasiadas nueces para tan poco ruido.

Llorar o desinfectar realidad.

Subrayando fosforito mi vacío existencial.

Por qué porquerías porque rías.


¿Qué tal estás cuando parece que dejas de ser?



Shin Kwang Ho. Untitled.:







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